Ir al contenido

Proteger es no dejar que nada falle.


Hay momentos en los que la vida deja de preguntarnos cuánto más somos capaces de hacer y empieza a preguntarnos desde qué creencia estamos sosteniendo todo.

Hay una idea que muchas mujeres llevamos dentro sin haberla elegido conscientemente: creer que el bienestar de nuestra familia depende de nosotras. Que amar es anticiparse. Que cuidar es prever. Que proteger es no dejar que nada falle.

Y desde esa creencia empezamos a sostener más de lo que realmente nos corresponde.

No porque los demás no puedan. Sino porque, en algún momento, confundimos la responsabilidad con el amor.

Quizá esta sea una oportunidad para observar qué creencias ya cumplieron su función.

¿Cuántas decisiones tomas porque realmente son necesarias... y cuántas nacen del miedo a que algo salga mal si tú no intervienes?

¿Cuántas veces has sentido que descansar es bajar la guardia?

Tal vez no estamos llamadas a hacer más.

Tal vez estamos siendo invitadas a mirar con honestidad esa parte de nosotras que todavía cree que el equilibrio del hogar depende exclusivamente de su capacidad para sostenerlo.

Porque una familia no se fortalece cuando una sola persona carga con todo.

Se fortalece cuando el cuidado deja de ser el peso de una sola conciencia y empieza a convertirse en una responsabilidad compartida.

Y quizás ahí comienza una forma distinta de amar.

No desde el sacrificio.

Sino desde la confianza.


No estaba cansada por hacer demasiado…